Según la leyenda del hilo rojo estamos destinados de la misma manera que el dedo meñique al corazón (que se conectan por una vena muy finita, y que se enreda pero nunca parte) a encontrar a esa persona ideal.

 

La leyenda cuenta que de acuerdo a los escritos antiguos los dioses eligen tu destino. Desde que naces te atan con un hilo rojo a la persona que vas a conocer. No obstante, no está hablando de cualquier persona, es una en particular que vendrá a ponerte a prueba, y va a hacer que tus emociones tengan un sentido. Es un amor del cual sabrás que es lo que tu alma necesita en esta vida.

 

Asimismo, esa persona puede estar muy cerca o puede encontrarse lejos. Hasta puede estar en otro continente y hablar otro idioma. No lo esperes, la llegada de tu hilo rojo no avisa, pero tu corazón te va a asegurar que es el indicado.

 

Además, la atracción no va a tener límites, los sentimientos van a tomar el poder. Pues, no son los cuerpos los que se encuentran, son sus almas.

 

“Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. el hilo rojo se puede estirar, contraer o enredar, pero nunca romper”, afirma la leyenda.

 

Por el otro lado, la leyenda no te garantiza la felicidad eterna. Porque cuando se encuentren, de manera inesperada van a separarse. Esto significa que no importa cuántos besos, abrazos y caricias vengan a tu vida, no volverás a sentir lo mismo. Lo cierto es que el sentimiento por esa persona seguirá igual, a pesar de que pasen 10 años.

 

Pero esto no quiere decir que los demás no te amen, ni tú los ames. Es solo que con esa persona puedes cerrar los ojos y tomar su mano para recorrer el mundo.

 

La leyenda se cuenta de dos maneras:

 

En China la relatan que el Abuelo de la Luna sale cada noche y recorre la Tierra para conocer a los recién nacidos, y les ata un hilo rojo que decidirá su destino.

 

En Japón la misma leyenda relata que hace muchos años atrás existía un emperador que era un niño joven e impaciente que quería conocer a la que iba a ser su futura esposa, esa mujer a la que estaba predestinado, y enterándose de la existencia de una bruja que era capaz de ver los hilos rojos de todas las personas, la mandó llamar y le ordenó que siguiera su hilo hasta el final.

 

La historia cuenta que la bruja obedeció al joven emperador y comenzó su búsqueda. Tras un largo recorrido, llegaron a una ciudad lejana y en el mercado la bruja le señaló al emperador una campesina con un bebé en brazos. Al emperador no le gustó el resultado y, caprichoso como era, empujó a la campesina, el bebé cayó y se hizo una herida en la frente.

 

Luego de unos años y, ya en edad de casarse, el emperador buscó esposa, y siguió el consejo de sus cortesanos, que le hablaban de una preciosa joven, hija de un general de su ejército. La mandó llamar, y al retirar el velo que le cubría la cara, el emperador quedó impresionado por su belleza, sólo ensombrecida por una fea cicatriz en la frente.