Cada fin de semana los operativos policiales se intensifican, por la actividad nocturna en los boliches y lugares de gran concurrencia, todo parece ser un operativo para resguardar la seguridad de los buenos vecinos, aunque a veces son los buenos vecinos, las víctimas de los abusos policiales.

Una vecina se comunicó con Tartagalense.com para contarnos la indignación que sentía con la policía de la provincia de Salta, por la brutal paliza y las vejaciones que sufrieron sus 2 hijos, en la madrugada del Sábado a la salida del boliche MARACATU, en ese lugar fueron detenidos violentamente y arrastrados hasta el móvil policial, en frente de decenas de personas que gritaron insultos a los «efectivos de seguridad» al ver la brutalidad con la que redujeron a los muchachos, como si se tratase de peligrosos delincuentes.

El hecho sucedió al rededor de las 5:20 de la madrugada, cuando el público ya se retiraba del local y en ese instante se produjeron empujones ocasionados por algunos desaforados, fue entonces cuando los uniformados procedieron con furia en la pesquisa de los revoltosos, interceptando a los 2 muchachos que resultaron ser hermanos y que intentaban salir del tumulto para ponerse a salvo.

La madre junto a algunos testigos que la acompañaron, deambularon por las comisarías sin tener novedades de donde se encontraban sus dos hijos, hasta que en un momento logran dar con su paradero en la UR4, los chicos estaban arriba del móvil policial N° 1843 (del 911), todavia permanecían esposados y ensangrentados por las heridas que les causaron, al punto que uno de ellos no podía ponerse de pie producto del dolor en su rodilla izquierda, que se le corrió de lugar por las patadas que le propinaron los efectivos de infantería, en ese instante la madre pidió hablar con el encargado del operativo, que fue identificado como el Oficial Principal Fernando Ahumada, quién aseguró que los jóvenes fueron reprimidos por ocasionar disturbios y desmanes en la vía publica y solo atinó a ordenar q los lleven al hospital. Al llegar ahí, el médico de guardia no los reviso, asi declararon los jovenes, lo que suspicazmente demuestra una clara complicidad con la policía y hace presumir que el registro médico indica, que los dos detenidos, a pesar de las lesiones, se encontraban en perfectas condiciones.

Los muchachos permanecieron detenidos hasta las 9:30 de la mañana del sábado y hasta ese momento fueron golpeados mientras los insultaban, diciéndoles obscenidades sobre la madre, la que se encontraba afuera esperando la libertad de ellos, al parecer los infantes habrían buscado la reacción de los detenidos, para justificar la golpiza, aunque los muchachos atemorizados, por lo que les sucedía, ya que nunca antes fueron detenidos ni tampoco poseen ningún tipo de antecedentes de mala conducta, no quisoeron responder ni siquiera de forma verbal ninguna de las provocaciones que recibieron y menos aún después de que uno de los infantes los amenazó de forma directa, diciendo, «que los buscará de civil en la calle y que no saben lo que les espera».

Cuando finalmente fueron liberados y en razón de la mala experiencia con el médico del hospital público, la madre los llevo hasta una clínica privada para que reciban atención medica y les proporcionen medicamentos para calmar los dolores. Desesperada fue hasta Gendarmería para realizar una denuncia y dejar constancia de las condiciones en que le entregaron a sus hijos, donde a demás de «los apremios ilegales», también denuncia amenazas y la retención indebida de documentación, ya que los policías no le devolvieron el DNI de uno de sus hijos, como otra forma de atemorizarlos .

La madre espera realizar el día lunes, la denuncia en la fiscalía penal por todo lo sucedido y para que la justicia investigue, la identidad de todos los efectivos que participaron en el operativo la madrugada del sábado y se proceda ante las amenazas que recibio su familia, según el asesoramiento que le brindaron solicitara que la justicia ordene también, que los involucrados sean sometidos a pericias psicológicas, para evaluar la salud mental de los violentos, que resguardados en el uniforme policial torturaron a sus hijos.