Cada día creamos nuestra realidad mediante pensamientos, palabras y actos. La vida nos puede presentar problemas, y en esas instancias, lo único que podemos controlar es la actitud con la que los enfrentamos. Poner el foco en nosotros mismos brinda mayor control sobre el desarrollo de los acontecimientos.

 

1- Tomar consciencia de nuestra propia responsabilidad, de que lo que estamos viviendo ahora es lo que sembramos ayer. Vivir en el presente nos empodera y nos permite enfocarnos en lo esencial.

 

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2- Usar palabras y pensamientos positivospara el Dalai Lama, «si la mente está ocupada con pensamientos positivos es más difícil que el cuerpo se enferme».

 

3- Trabajar el perdón como ejercicio permanente: es esencialmente para nuestro bienestar y para soltar cualquier tipo de cargas negativas como el rencor o los resentimientos.

 

4- Aceptar e incluir: mirarnos desde la incompletud, la imperfección y el error para capitalizarlos como maestros del aprendizaje.

 

5- Practicar el agradecimiento: produce conexión profunda con el legítimo otro y contribuye a una mirada positiva y más apreciativa de la vida.

 

6- Preparar metas alcanzables en el tiempo: generan automotivación para ir por logros mayores.

 

7- Hacer meditación lo más frecuente posible: ayuda a serenar la mente y a abrir el corazón, predisponiendo para accionar en forma efectiva.

 

8- Reservar un tiempo para la lectura: permite ampliar nuestra mirada personal, profesional y espiritual.

 

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9- Dar es darse: hacer cosas por los más necesitados, el servicio es la forma más poderosa del amor y permite la apertura y el crecimiento interior; además, es un bálsamo para los tiempos difíciles o de prueba.

 

10- Construir contextos positivos y rodearse de personas que tengan miradas similares que trasciendan la victimización, de superación y de posibilidad.

 

11- Por último, en una sociedad que transitó pendularmente desde de la culpa pasando por la narrativa del sacrificio hasta al positivismo extremo es primordial practicar el liderazgo emocional. A la mirada completa de nosotros mismos se llega reconociendo, integrando y gestionando las emociones, y no tapándolas.