El portugués Cristiano Ronaldo es el centro de las noticias internacionales en estas horas, y no por lo que produce dentro de la cancha, sino por una cuestión vinculada a los estrados judiciales. El portugués fue acusado de violar en la madrugada del 13 de junio de 2009 a Kathryn Mayorga, una estadounidense que ahora tiene 34 años. Mientras la denuncia (reabierta hace alrededor de un mes) se investiga en la justicia de ese país, el futbolista fue separado de la selección de futbol de su país.

 

La figura de Juventus, se refirió en las últimas horas a esta denuncia. Eligió las redes sociales para comunicarse y desmintió todo. «Niego firmemente las acusaciones que se emiten contra mí. La violación es un crimen abominable que va en contra de todo lo que soy y en lo que creo. A pesar de que puedo aclarar mi nombre, me niego a alimentar el espectáculo mediático creado por personas que buscan promocionarse a mis expensas», escribió en su cuenta de Twitter.

 

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«Fake news» (noticia falsa), fue la frase que utilizó Cristiano. «Quieren promoción con mi nombre, es normal. Es parte del trabajo… soy un hombre feliz y todo está bien», explicó el futbolista de Juventus en un Instagram Live que publicó en sus redes sociales.

 

«Quieres promoción a través de mi nombre. Es normal», dijo Ronaldo. «Quieren ser famosos, al decir mi nombre. Pero es parte del trabajo. Soy un hombre feliz y todo está bien», replicó el que fuera jugador del Real Madrid y el Manchester United en un chat de Instagram Live.

 

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«La demanda dice que Mayorga conoció a Ronaldo en la tarde del 12 de junio de 2009 en el Rain Nightclub del Palms Hotel and Casino de Las Vegas y que aceptó una invitación para sumarse a él y a unos amigos en su suite, en el ático, para «disfrutar de las vistas» de la ciudad. Cuando estaban en el cuarto el futbolista abusó de ella, según la denuncia. «Cuando Cristiano completó el asalto sexual a la demandante, le permitió dejar la habitación disculpándose porque él habitualmente era un caballero», dice el documento, que añade que, tras una fuerte presión, acordó cerrar el caso «a cambio de un pago de 375.000 dólares y un acuerdo de confidencialidad».

 

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