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Brownies. CreditCraig Lee para The New York Times

Imagina lo siguiente: estás viendo una bandeja de pastelitos recién hechos durante tu descanso de las dos de la tarde. Desayunaste muy temprano por lo que tu estómago ha empezado a rugir y la cena se vislumbra bastante lejana. ¿Qué sucede entonces?

Compañero, compañera, es muy probable que te comas esos pastelitos. El dominio de uno mismo ante la tentación puede ser algo complicado. Nos acostumbramos a juzgarlo de forma muy maniquea y casi moralizadora: todo aquel que sucumba a la tentación, en cualquiera de sus formas, seguro tiene una voluntad muy débil.

Alguien con mayor fortaleza jamás se lo comería; tampoco caería en esa espiral de 90 minutos de videos de YouTube ni vería otros tres episodios de Billions en lugar de sentarse a escribir su columnasemanal. Pero la ciencia detrás del autocontrol dice otra cosa.

Un estudio de 2011 en el que se analizó cómo es que las personas manejan el autocontrol expuso que quienes tienen mayor dominio de sí mismas no son más dedicadas ni tienen una voluntad más fuerte: sencillamente son menos propensas a las tentaciones.

De hecho, se cuestiona mucho la idea de que podamos mejorar nuestro autocontrol: en una investigación de 2016 se descubrió que “la práctica constante del dominio de uno mismo no da como resultado una mejora a nivel general en el autocontrol”.

Dicho de otro modo: no te martirices por no poder controlarte, estamos diseñados para no poder hacerlo, pero ahí no termina todo.

Te presento al autocontrol sin esfuerzo. En lugar de luchar para no sucumbir a la tentación (que es, hasta donde sabemos, casi imposible), el truco para ganar esas batallas reside en eliminar la tentación de tajo.

Supongamos que deseas pasar menos tiempo con tu teléfono mientras estás en el trabajo. En lugar de tener que tomar la decisión cada vez que tu dispositivo se enciende con una notificación de Instagram, mételo en un cajón para evitar desde el principio tener que decidir.

Los beneficios son dobles. El primero es la victoria de haber logrado cualquier meta que te hayas propuesto… ahora eres capaz de concentrarte en tu trabajo sin que tu teléfono te interrumpa.

Pero el beneficio adicional se deriva de la acción de eliminar la tentación: en un estudio realizado el año pasado se descubrió que el solo hecho de sentirse tentado (sin importar si sucumbes o no) puede dejarte agotado, lo que inhibe tu capacidad de alcanzar tus objetivos.

Gran parte de esto se reduce a fortalecer hábitos saludables que puedas reafirmar por ti mismo. La idea principal es tomar distancia de tantas decisiones como sea posible, de modo que puedas concentrarte en las que son realmente importantes.

Aun si te comes uno de los pastelillos, no te castigues tanto. Está bien comerse uno de más de vez en cuando.

Fuente: The New York Times